Existe en algún lugar de India una ciudad muy particular llamada Auroville. Fue fundada hace ya medio siglo y sigue aún en pie, con dos mil habitantes de 45 países diferentes, ya que se caracteriza por ser una ciudad internacional, reconocida por la ONU.
Este lugar implementó un modelo distinto al del resto de las ciudades: en vez de estar bajo un dominio, está conformada como una verdadera comunidad.

Mirra Alfassa es la “madre” de Auroville, y propuso una serie de principios que diferencian a esta pequeña sociedad de todas las demás. En primer lugar, Auroville no pertenece a nadie, está al servicio de su comunidad. Es un ambiente de constante educación y progreso, donde sus habitantes respetan la conciencia divina. Auroville toma el pasado y el futuro para construir un mejor presente, y propone una investigación material y espiritual que lleve a manifestar una unidad humana. Otra importante distinción es que allí no existe el dinero, sino que se da todo por intercambio de servicios o voluntariado.
El objetivo de este proyecto -aunque suene utópico- es crear un lugar armónico, libre y justo, donde se respeten las necesidades humanas, sociales y espirituales, así como también las necesidades medioambientales. Este fascinante lugar nos demuestra que un mundo distinto y otras realidades también son posibles.








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