Las zonas azules son aquellos lugares en donde casi no hay enfermedades y la esperanza de vida es la más larga. Se hallan en cinco lugares del mundo y tienen el secreto de la plena salud y la longevidad.
Actualmente son la isla de Okinawa en Japón, Loma Linda en California, Estados Unidos; la Península de Nicoya en Costa Rica, la Isla de Icaria en Grecia y la región de Barbagia en Cerdeña, Italia. En estos lugares sus habitantes se caracterizan por envejecer saludablemente y vivir muchos años en gozoso bienestar.
Si bien puede llamar la atención el hecho de que están distribuidas por distintos continentes, aún así estas zonas comparten ciertos hábitos y costumbres que son la clave para alcanzar los cien años de edad y llevar una vida más plena y feliz.
Se trata de algo que todos podemos imitar, y poco tiene que ver con los medicamentos, sino con un estilo de vida. Los habitantes de estos lugares se alimentan a base de las plantas que les brinda la tierra que habitan y cosechan ellos mismos; se nutren con el sol y reciben las vitaminas naturales del entorno. Realizan ejercicio diario, juegan, conectan con la creatividad y pasan tiempo al aire libre en contacto con la naturaleza. En todas las zonas azules, los ancianos permanecen activos, realizando largas caminatas y ejercitando.

Además, existe un sentido de comunidad, en el que la gente está interconectada y se siente parte de algo más grande. Los habitantes se involucran, colaboran entre todos y generan un sostén emocional para la sociedad. Se cree que la relación y compañía con otros ayuda a aliviar el estrés y envejecer saludablemente, al igual que la fe y la espiritualidad.
Estas islas no se caracterizan por contar con abundantes recursos, ni lujos de ningún tipo, sino por llevar una vida más simple y más feliz. Hay menos exigencia y expectativas; la gente encuentra dicha en lo que hace y es feliz con lo que tiene. Son microsociedades en donde están muy presentes los valores de la paz, tolerancia y respeto. Es por esto que logran vivir comunitariamente, ayudándose unos a otros.
Los mayores aportan mucho a las zonas azules, manteniendo vivas las tradiciones y transmitiendo su sabiduría y valores, por lo que son infinitamente respetados. Todo parece de cuento, y hasta utópico, pero esta es la realidad con la que se encontraron los investigadores buscando la causa de la gran esperanza de vida, salud -tanto física como mental- y bienestar en estos lugares del mundo.
Al parecer es más sencillo de lo que pensábamos, y podemos aprender mucho de estas comunidades, para que todo el mundo se convierta en una zona azul.
