México es conocido por ser la sede principal de 59 razas distintas de maíz y demás cultivos como el frijol, la calabaza, el algodón, el aguacate, el cacao, y muchos más. A partir de una decisión gubernamental del presidente Juan Manuel López Obrador, quien implementó una ley para prohibir el maíz transgénico y paulatinamente eliminar los agroquímicos, México le dijo chau al maíz transgénico y decidió reemplazar 16 millones de estos por maíz nativo. Hace muchos años se viene luchando sobre este tema por dos motivos principales: primero que nada, la salud, tanto desde el punto de vista del valor nutritivo de los alimentos como de los tóxicos que contaminan el aire que respiramos y nuestro cuerpo. En segundo lugar, las consecuencias que trae para el ecosistema, implicando una pérdida de la diversidad de los maíces nativos y efectos nocivos para los animales. Esto significa un gran paso para la preservación de la salud y el medioambiente.

El verdadero progreso se encuentra en las maneras de producir, las técnicas que protegen la biodiversidad y conservan el bienestar de nuestro ambiente. La campaña “Sin Maíz no hay País” fue la que llevó adelante este movimiento y logró concretar su misión: la prohibición de glifosato y maíz transgénico en el país, con el propósito de proteger la biodiversidad, las comunidades indígenas, campesinas y el patrimonio gastronómico.
Esta revolución nos recuerda que debemos mantener siempre las verdaderas prioridades en alto y cuidar antes que nada lo más importante.
