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Etiqueta: medio ambiente
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Qué es la eco culpa y cómo evitarla
Los tiempos que estamos viviendo trajeron aparejados nuevos conceptos de todo tipo. En relación a lo ecológico y la crisis ambiental apareció la eco ansiedad, así como también la existencia de la eco culpa. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de eco culpa?
Nos referimos a ese sentimiento que aparece en relación al daño que causamos al medio ambiente, la culpa por contribuir con el deterioro y la contaminación o por no estar haciendo lo suficiente.
Existe una realidad en la que se ve amenazado el ecosistema, pero reaccionar con eco culpa no nos lleva a nada positivo. Por el contrario, puede paralizarnos o incluso hacernos negar o evitar la problemática con el fin de no hacernos sentir mal a nosotros mismos. Generalmente esta culpa lleva a la autoexclusión del problema. Ninguna de estas medidas es una solución; entonces, ¿qué es lo que podemos hacer?
Ahora mismo necesitamos un cambio de paradigma, no basta con comprar productos ecofriendly para sentir que estamos colaborando, sino más bien consumir menos
¿Qué queremos decir con esto?

Que es necesario un cambio en los valores y en los sistemas de producción y consumo que venimos perpetuando. Volver a conectar con nosotros mismos,sentirnos parte de la naturaleza y enfocarnos en lo positivo, para entender la importancia de estos cambios, y asi actuar desde otra conciencia y no desde la culpa
. Restablecer las prioridades en el día a día, centrarnos en modificar desde nuestro lugar el sistema e involucrarnos de la manera y en la medida que nos sea posible.
Sabemos que es difícil, pero podemos empezar con pequeños cambios de hábitos, porque si hay algo de lo que estamos seguros es de que uno solo no puede cambiar el mundo, pero sí que necesita de cada uno de nosotros para poder cambiarlo.
Es necesario llegar a una masa critica colectiva que modifique la vibración planetaria.
Para llegar a eso debemos empezar por nuestra vibración interna. Modificar los hábitos de consumo es tan importante como modificar los hábitos de auto denigración, de reproche a los otros, de pensamientos negativos. La situación ambiental es un reflejo de algo mucho más grande.
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Tips para consumir cosméticos sin dañar(nos)
El consumo de cosméticos crece y, con él, los residuos. La pregunta no es qué usar o no usar, sino cómo elegir mejor para cuidar la piel y el planeta al mismo tiempo.
En este camino, una opción son las fibras VEOCEL™: toallitas hechas a partir de materias primas renovables y producidas a través de procesos responsables. Son biodegradables y pensadas para aplicaciones de cuidado personal y belleza. Las toallitas desmaquillantes con fibras VEOCEL™ se descomponen en poco tiempo, a diferencia de las convencionales que pueden persistir y generar toneladas de residuos plásticos.
Para cuidar al planeta, podemos priorizar el uso de envases reciclables, recargables o extender la vida del envase original. También suma elegir fórmulas con ingredientes simples y de origen responsable; por ejemplo, jabones sólidos o shampoos en barra. En maquillaje y skincare, buscar sellos que indiquen materiales biodegradables o fibras compostables en accesorios como toallitas o pads.
Cada pequeña decisión suma a un sistema más responsable. Hay cada vez más marcas y emprendimientos alineados a este propósito. Cuidarnos puede ir en sintonía con la naturaleza, al inspirarnos en su lógica, su ritmo y su belleza.
Si te dan ganas, podés probar alguna de estas ideas y, si querés, contarnos cómo te fue. Compartir experiencias mantiene la inspiración viva.
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Turbinas en forma de tulipán
Las iniciativas para generar electricidad alternativa encuentran formas cada vez más integradas al entorno urbano.
Las turbinas en forma de tulipán no solo aprovechan la energía eólica, sino que, a diferencia de los aerogeneradores convencionales, reducen al mínimo el ruido y están diseñadas para proteger a las aves y a la vida silvestre de la ciudad.
El desarrollo pertenece a Flower Turbines, compañía con presencia en Estados Unidos y Países Bajos, que busca maximizar el uso del viento en espacios pequeños y convertirlo en un pilar de la matriz renovable.
Desde 2022 el proyecto sumó instalaciones en techos de edificios, parques industriales y campus educativos, con kits que combinan eólica y solar, y aplicaciones para iluminación, carga de bicicletas y scooters, y redes barriales.

Las turbinas tulipán muestran cómo el diseño puede acelerar la adopción de energías renovables en la ciudad. En combinación con paneles solares, almacenamiento y eficiencia energética, acercan la idea de redes limpias y resilientes. Quedan desafíos de datos abiertos y validación independiente, pero su avance en pilotos europeos y norteamericanos indica un camino interesante para municipios, universidades, parques industriales y consorcios que buscan sumar generación local sin afectar el paisaje ni a la fauna.
Contanos en comentarios dónde te imaginás ver estas turbinas en tu ciudad y qué dudas te gustaría que investiguemos para una próxima nota. Tu experiencia ayuda a mejorar la conversación y a guiar los próximos temas.
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Techos que almacenan agua de lluvia
Cada vez más ciudades activan soluciones simples para usar mejor el agua. En Ámsterdam, una red de techos inteligentes capta la lluvia, la guarda y la distribuye cuando hace falta.
El sistema funciona con sensores y válvulas que se ajustan solos; retienen agua para riego en periodos secos, alivian peso en días de tormenta y ayudan a mantener los edificios más frescos sin consumo extra de energía. El resultado es práctico y medible, logrando menos demanda de agua potable para usos no potables, más confort térmico, menos estrés sobre los desagües y un plus de biodiversidad gracias a terrazas verdes que atraen plantas, aves e insectos.

La implementación puede ser gradual y alcanzable. En un edificio, se empieza por una capa de retención sobre la terraza, un tanque o bandejas modulares, y un control básico de flujo. Con eso ya se reutiliza agua para riego, limpieza de espacios comunes y lavado de veredas. El siguiente paso es sumar sensores de humedad y pronóstico para optimizar cuándo almacenar y cuándo liberar. Y cuando varios edificios se conectan, el barrio coordina descargas y comparte datos, escalando el impacto sin complejidad excesiva.
La tecnología está disponible y hay proveedores locales que adaptan el sistema a distintas superficies, desde techos planos hasta patios interiores. Elegir materiales de bajo mantenimiento, plan de limpieza estacional y uno o más responsable simplifica la operación. Pequeñas decisiones ordenadas en un circuito realmente hacen la diferencia.
¿Qué ajuste podría iniciar tu edificio este mes para aprovechar la próxima lluvia?
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Reemplazando la batería por algas
Las algas no solo alimentan, también pueden encender cosas.
Un equipo de la Universidad de Cambridge mostró que, con cianobacterias, luz y un poco de agua, es posible mantener en marcha un microprocesador durante meses.La idea es directa y elegante. Las algas verdeazuladas hacen fotosíntesis y liberan electrones. Con un par de electrodos no tóxicos, ese flujo se recoge y se convierte en corriente útil. Relojes, sensores y pequeños aparatos son los primeros candidatos para este sistema, que no busca reemplazar todas las baterías, sino evitar pilas desechables donde no hacen falta.

Hoy, grupos de investigación y startups de bioenergía exploran módulos más durables, carcasas biodegradables y formatos fáciles de escalar. El camino probable empieza por objetos conectados e internet de las cosas y, más adelante, suma combinaciones con otras renovables para ganar potencia.
Energía que se regenera mientras hay luz, sin litio ni cobalto, con mantenimiento mínimo y una huella mucho menor. Otra forma de encender lo cotidiano sin apagar a la Tierra. ¿Te imaginás tu casa con sensores alimentados por algas y sin pilas de un solo uso.
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El bambú en la arquitectura
El bambú en la arquitectura dejó de ser una curiosidad para pasar a ser una opción concreta. Crece rápido, se adapta a múltiples diseños y suma una presencia cálida que convive en armonía con el entorno. Hoy es una alternativa sostenible, accesible y con potencia estética para proyectos de todas las escalas.
En la isla vietnamita de Phu Quoc, VTN Architects empleó 42.000 piezas de bambú para levantar un centro de bienvenida. Vietnam abunda en esta planta, y el proyecto aprovechó el recurso local de principio a fin al crear estructuras, uniones, cuerdas y hasta alfileres con bambú.

El bambú se afirma como material renovable para equipamientos y viviendas de bajo impacto, integrando naturaleza, cultura y diseño en una misma conversación.
¿Qué opinás de las construcciones en bambú?
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Plátano convertido en textil de moda
En un mundo cada vez más consciente de su impacto ambiental, la industria textil se encuentra en plena revolución. La creatividad, siempre impulsora de innovación, se está convirtiendo en la fuerza motriz detrás de un cambio de paradigma en la moda que no solo busca la estética, sino también la sostenibilidad.
El cultivo de banano y plátano es una fuente abundante de desperdicio orgánico. Sin embargo, en lugar de relegar estos sobrados a la basura, se están transformando en una fibra sostenible que tiene el potencial de reemplazar a los textiles convencionales como el algodón y la seda.
Esta antigua técnica textil, aunque arraigada en países como Japón, Filipinas y Nepal, está experimentando un resurgimiento sorprendente en Uganda, y a gran escala.
La fibra de plátano no solo ofrece una alternativa respetuosa con el medio ambiente, sino que también presenta beneficios tangibles. Sorprendentemente, absorbe tintas de manera más eficiente que el algodón, reduciendo así el impacto ambiental de los procesos de teñido. Además, su cultivo requiere menos agua y menos tierra en comparación con otros textiles, marcando un paso significativo hacia la sostenibilidad en la producción de moda.

Este es sólo un ejemplo de todo lo que consideramos un desecho y podemos convertir en algo nuevo y de valor. Es cuestión de cambiar la perspectiva.
La creatividad puede no solo dar nueva vida a los materiales, sino también abordar los desafíos medioambientales de nuestra época.
¿Es hora de traer esta innovación a América Latina? La respuesta parece resonar con un sí rotundo. En una región donde la diversidad cultural se entrelaza con una rica biodiversidad, la incorporación de textiles biodegradables como la fibra de plátano no solo sería una declaración de moda, sino un compromiso con un futuro más sostenible.
La creatividad está destinada a ser el catalizador del cambio en la industria textil. Desde transformar residuos en moda hasta desarrollar procesos de producción más eficientes y sostenibles, cada paso cuenta. La moda del mañana no solo será definida por su estilo, sino también por su compromiso con el planeta.
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Una nueva ola artística: arte sostenible
El arte siempre ha sido un espejo de lo humano y de cómo habitamos el mundo. Hoy, iniciativas concretas le dan cuerpo a esa idea. El colectivo Washed Ashore arma esculturas monumentales con plásticos recogidos de playas para mostrar, a escala real, el costo de los desechos marinos. En Londres, Forest for Change de Es Devlin convirtió una plaza en un bosque temporal para hablar de biodiversidad y Agenda 2030. En América Latina, el Festival Concreto en Brasil y el Museo del Reciclaje de Barranquilla impulsan piezas con chatarra y residuos electrónicos, mientras Studio Swine trabaja con plásticos del océano en objetos y performances que viajan por bienales. Incluso marcas y museos empiezan a cambiar materiales: el V&A y el MoMA han exhibido bioplásticos y piezas de micelio, señalando el paso del “objeto eterno” a la obra que nace, vive y vuelve a la tierra.

Estas prácticas no buscan solo sorprender, sino abrir conversación sobre qué materiales elegimos, cuánto duran y qué costo dejan. Al mirar más allá de la estética, el arte sostenible nos invita a revisar hábitos cotidianos y a imaginar una cultura donde creación y cuidado vayan juntos.
La obra se vuelve proceso y responsabilidad compartida, desde talleres comunitarios de arte con residuos hasta residencias que trabajan con materiales locales y biodegradables.
También crece la red que las hace posibles: residencias que financian biomateriales, laboratorios ciudadanos que enseñan a crear pigmentos y papel con desechos orgánicos, y convocatorias que premian proyectos con impacto ambiental medible. Este ecosistema une artistas, comunidad y ciencia para llevar el cambio del taller a la calle.
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Vamos a la playa a estudiar
¿Te imaginás ir a la escuela mirando el mar? Tierra y Sal creciendo en la naturaleza, lleva la escuela a la costa y enseña con los pies en la arena. En Chiclana (España), trece niñ@s cursan a cielo abierto, a través del juego libre y con la naturaleza como compañía diaria.
Cuatro pilares
Conexión cotidiana con la naturaleza, educación democrática, juego libre y acompañamiento respetuoso orientan la propuesta. En el día a día estas premisas se reconocen sin nombrarse, al aprender a construir algo, al cuidar de un ser vivo o simplemente al mirar una huella en la arena que genera nuevas preguntas. Desde esas escenas sencillas, el aprendizaje se vuelve experiencia.
Un legado vivo
Las escuelas al aire libre nacieron en 1904 en Berlín para cuidar la salud infantil. En 1918 abrió la primera en España. Hoy existen miles; en Alemania funcionan unas 2.500, muchas de ellas públicas. Tierra y Sal retoma ese legado y lo trabaja junto al mar.Bienestar que educa
La naturaleza como aula abre sentidos y amplía la curiosidad, ofrece más contacto con el entorno y, al proponer movimiento, estimula la calma y el foco.Si te inspira esta forma, podés conocer su propuesta y funcionamiento en su página web y acercarla a tu comunidad educativa.
Más info, metodología y contacto
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Pongamos de moda andar en bici
Moverse en bici nos suma por todos lados: hacemos ejercicio sin ir al gimnasio, llegamos más rápido a compromisos, y además ahorramos en pasajes o combustible.. Y tu barrio también mejora: hay menos ruido, menos calor en el asfalto y el aire se siente más limpio cuando más personas pedalean.
Ciudades que avanzan
Bogotá, Ciudad de México, Santiago, Buenos Aires y Montevideo ya probaron medidas útiles: ciclovías que conectan barrios, sistemas públicos con tarifas accesibles, más estacionamientos y mejor señalización. No alcanza con aplaudir: hay que usarlas, cuidarlas y pedir que mejoren.
Beneficios en cadena
Cuando un viaje corto pasa del auto a la bici, bajan las emisiones que calientan el planeta y los gases que irritan las vías respiratorias. También baja el ruido y la temperatura del asfalto: menos motores, menos calor acumulado, más calles habitables.Comunidad que decide
Esto no se resuelve solo. Informarse, pedir cruces seguros y mantenimiento de ciclovías hace la diferencia. Si tu municipio abre consultas públicas, participá con tu experiencia diaria. La red que planificamos hoy define cómo nos movemos mañana.Empezá por lo posible: elegí un trayecto corto, revisá frenos y luces, sumate a la red de tu ciudad y compartí tu experiencia. Cuando la bici circula, el cuidado también.