Cada año producimos cientos de millones de toneladas de plástico. Mucho es PET (botellas y envases). En 2022, científic@s de la Universidad de Texas presentaron FAST-PETasa, una enzima que desarma ese plástico en horas o días y permite re-utilizarlo, en lugar de quemarlo o enterrarlo.
De la naturaleza al laboratorio La idea nace al estudiar microbios que degradan el PET en la naturaleza. Con ese aprendizaje, mejoraron la enzima para que funcione a baja temperatura y sea más rápida.
Qué cambia si se escala Hoy se prueba en plantas de reciclaje. Si se adopta en mayor escala, el PET podría circular más veces con menor impacto, reduciendo no sólo residuos, sino demanda de materia prima virgen.
Oportunidad para la región En Argentina y en países vecinos, esta tecnología puede complementar la recolección diferenciada, a las cooperativas cartoneras y plantas de clasificación. Cuanto más limpio y separado llegue el PET, mejor funciona la enzima y mayor es la calidad del material recuperado.
Con políticas de envases y compras públicas sostenibles, podemos cerrar el ciclo de botellas y textiles de poliéster, generar menos basura, recuperar más material y cultivar una economía que se regenera, tal como lo hace la naturaleza.
Lo simple suma: separar limpio, apoyar a las cooperativas, elegir envases retornables. La innovación ayuda, pero es la comunidad la que lo hace posible.
La economía circular propone dejar atrás el modelo lineal de extraer–producir–usar–tirar y diseñar sistemas donde los materiales circulen el mayor tiempo posible con el menor impacto. Implica repensar productos desde el origen, que sean durables, reparables, actualizables, hechos con materiales reciclables o biodegradables, y procesos que eliminen residuos desde el diseño.
Panorama actual. Según la Circularity Gap Report 2024, sólo alrededor del 7% de la economía global es “circular”, y el uso de materiales sigue creciendo por encima de la capacidad del planeta. La meta no es reciclar más al final, sino prevenir residuos y emisiones en toda la cadena.
La Unión Europea avanza con el Ecodesign for Sustainable Products Regulation, que exigirá reparabilidad, pasaportes digitales de producto y restricciones a destrucción de excedentes.
Joan Melé, referente en banca con valores, recuerda que “el dinero es un acto moral” y que cada compra e inversión define el tipo de economía que creamos. La circularidad no es solo técnica, sino que requiere transparencia y trazabilidad que oriente capital hacia proyectos con impacto real. Decidir dónde ponemos nuestro dinero, desde una cuenta bancaria hasta un proveedor, es parte del cambio de paradigma.
La economía circular no es un destino, sino una práctica diaria: diseñar sin residuos, usar más tiempo, devolver al ciclo y financiar lo que cuida la vida. Cada decisión cuenta.
Es urgente encontrar formas más inteligentes de capturar, separar y purificar moléculas. Aire, agua, alimentos y energía comparten el mismo obstáculo: necesitamos materiales que funcionen sin gastar de más.
El Premio Nobel de Química 2025 reconoció a Richard Robson, Susumu Kitagawa y Omar M. Yaghi por abrir el camino creando los MOF: marcos metal‑orgánicos, cristales con cavidades internas diseñadas a medida. El vacío, adentro, tiene un propósito.
Un MOF es como un panal a escala microscópica. Se arma con dos piezas: nodos metálicos y puentes orgánicos. Juntos forman una red rígida llena de huecos invisibles a simple vista, pero con una superficie interna enorme. Ahí está la clave: cuanta más “pared interna” hay, mejor puede pegarse la molécula que queremos capturar. Cambiando el metal, el puente o un detalle químico de la pared, se elige qué moléculas prefiere el material. No hace falta saber química para entenderlo, es como ajustar el tamaño y el imán de un colador.
En la práctica, los MOF se integran en filtros, cartuchos o recubrimientos. El aire o el agua pasan a través, las moléculas objetivo se adhieren a las paredes internas y, cuando el material se llena, se regenera: se cambia la temperatura o la presión, o se usa un gas de barrido para liberarlas. Ese ciclo se repite muchas veces.
El aporte de los premiados fue complementario. Robson imaginó la arquitectura. Kitagawa mostró que estas redes pueden “respirar” y seguir funcionando. Yaghi les dio estabilidad y un método para diseñarlas a medida. Juntos, convirtieron el espacio interno en una herramienta.
Ayudemos a que estas alternativas lleguen a donde más impacto puedan tener. Compartí esta nota e investigá más sobre estas soluciones porosas para tu empresa, universidad o municipio. El cambio empieza por elegir tecnologías que hagan más con menos.
Si querés saber más:
Li H., Eddaoudi M., O’Keeffe M., Yaghi O. M. (1999). Design and synthesis of an exceptionally stable and highly porous metal–organic framework.Nature, 402, 276–279. DOI: 10.1038/46248
¿Ya conoces el sistema de empresas B? Se trata de una organización sin fines de lucro que apunta a una economía y organización más justa y equitativa, tanto entre seres humanos como para con el planeta.
¿Cómo sería el mundo si el sistema económico fuese regenerativo y sustentable para todxs? Esta organización propone que este mundo sea una realidad y para ello alienta a que cada vez más empresas se pasen al lado B, donde el mercado surge como solución a problemas ambientales y sociales.
El Sistema B se encarga de certificar a aquellas empresas que cumplen con los requisitos alineados a este propósito. Es decir, a las empresas que tienen un compromiso de trabajar en conjunto con el planeta y buscan beneficiarlo, así como a todas las poblaciones.
Las empresas B actúan teniendo en cuenta su impacto social y ambiental y aceptando la responsabilidad de sus acciones y sus consecuencias. Con una actitud transparente se comprometen a ser agentes de cambio dentro del sector industrial, y generar un impacto positivo en el planeta.
El movimiento B es una nueva manera de pensar los modelos de negocio y su éxito, y propone, desde su lugar, ofrecer soluciones. Este grupo se expande cada vez más, siendo 6.271 las empresas B certificadas en el mundo; 1000 de ellas se encuentran en Latam. Si querés que tu empresa pase al Lado B podés averiguar en la página web www.sistemab.org todos los requisitos necesarios para certificar tu negocio. Para pertenecer es importante compartir este mismo propósito y comprometerse, tanto de manera institucional como legal, y reconocer la interdependencia con el resto de las empresas que forman parte.
Somos nosotrxs quienes podemos redefinir el mercado; es hora de emplear el sistema B.
¿Qué es el lujo? se contrapone con el concepto de “ecológico”?
Estamos acostumbrados a hacer esta distinción, pero no hay dudas de que el concepto de lujo está cambiando.
«Los consumidores en realidad están educando a las marcas», las nuevas exigencias implican el impacto positivo con el medio ambiente. Este panorama de nuevos consumidores, trae consigo nuevas expresiones del lujo, ecológicas, y sostenibles.
Materiales reciclados, combinados con la estética y lo sutil, se convierten en los productos más atractivos del mercado. La gente no ve solo el objeto, sino su historia detrás. El valor del producto es mucho más que su belleza.
Esta industria está reconstruyendo la mirada, con el desafío de causar sensaciones de lujo, más allá de los materiales utilizados. Lo ecofriendly es trend. El mundo del futuro está pidiendo nuevos conceptos, nuevas miradas, nuevos “lujos”.
“El mundo del estar no supone una superación de la realidad sino una conjuración de la misma… El mundo del ser, o sea, el occidental, aparentemente ha resuelto el problema de la hostilidad del mundo mediante la teoría y la técnica.” Rodolfo Kusch, América Profunda.
Cuando Kusch habla del estar se refiere al mundo indígena, el hombre estático que observa y hace reverencia a la naturaleza, en contraste con el mundo del ser, el hombre moderno, que es dinámico y busca la individualidad usando la ciencia y la teoría para superar y enajenar a la diosa, la madre tierra.
Pero hoy sabemos que “superar” a la naturaleza no es más que una distopía, no sólo imposible sino indeseable. Tenemos por delante un futuro incierto enfrentando cambios climáticos que no se pueden predecir, especies en extinción y fallas en los ecosistemas donde el sesenta por ciento de la biodiversidad del planeta desapareció en cuarenta años.
En consecuencia, el campo del diseño, que actualmente se encuentra en la intersección entre la antropología, ecología e innovación, está en un momento pivotante, expandiéndose para enfrentar problemas complejos que requieren robustas respuestas.
Para lograrlo hay que romper los viejos paradigmas del hombre moderno. Izaskun Chinchilla, arquitecta española, analiza el término paradigma del filósofo Thomas Kuhn y lo extrapola al mundo del diseñador. En su análisis explica cómo los diseñadores nos hemos alejado de la naturaleza y estamos en cierta forma controlados por universidades e instituciones, quienes nos han dado “las soluciones”.
En consecuencia, nos limitamos a recombinar una hipótesis intentando encajar los problemas de diseño dentro de una misma receta con los mismos ingredientes. Pero perder el contacto con la naturaleza significa no reconocer la solución que subyace en el problema.La arquitectura tiene consecuencias inmediatas e implicaciones duraderas. El verdadero origen del término sustentabilidad viene de las tribus nativas Iroquois de Norte América y su Principio de la séptima generación que consiste en considerar cómo las acciones afectarán a la séptima generación después de ellos.
Al observar e interactuar con lo natural de cada lugar, los pueblos indígenas logran conectar al individuo con el ecosistema diseñando una relación simbiótica. La simbiosis es el famoso “ganar ganar”; la manera en que el individuo puede formar parte de la naturaleza y garantizar la supervivencia de ambos.
Uno de los ejemplos más innovadores de infraestructura indigena son los puentes de raíces vivientes de la tribu Khasis en Meghalay en el norte de India. Es un lugar que tiene fuertes monzones y las precipitaciones suben a niveles altos que cortan las rutas entre aldeas. Los Khasi han tomado en consideración el crecimiento biológico y desarrollo del ficus elástica, árbol que para ellos es una especie sagrada de gran importancia, y han “guiado” sus raíces en forma de tejido para construir puentes que pueden resistir hasta cincuenta personas. Hay que destacar que el desarrollo de las raíces es debido a las fuertes lluvias, es así como una inundación destructiva se transforma en un diseño innovador; el problema es la solución.
Este y muchos ejemplos los encontramos en el libro de Julia Watson, Design by radical indigenism, que funciona a modo de catálogo de soluciones innovadoras en distintos ecosistemas del planeta.
Escalar estas tecnologías dentro de grandes ciudades podría ofrecer un camino para reducir exponencialmente la huella ecológica del ser humano y mitigar el colapso pronosticado. Concebir lo primitivo como innovador puede catalizar un cambio global dando resultados icónicos, originales y muy sofisticados que funcionan dentro de complejos ecosistemas.
Es por lo tanto la tarea del diseñador seguir a la gran influencer de todos los tiempos, que siempre está marcando la tendencia del lugar.
Hoy se está hablando mucho de bambú en el universo eco-friendly. Entre cepillos de dientes, utensilios domésticos e indumentaria fabricada con esta planta, la arquitectura pop-up también puede ofrecerle un espacio para brillar y posicionarse como potencial material mainstream de la construcción. En épocas en donde el cambio es perpetuo, las estructuras efímeras se encuentran con más demanda y eso requiere de un recurso abundante y de rápida reposición. El bambú puede ser un excelente aliado dentro de ese contexto, ya que es prácticamente un pasto que crece fácilmente, pero usarlo de manera rústica hacen de esta caña un elemento estructural de corta vida útil, lo cual le da mayor sentido a su elección para un uso de corta duración.
En la anatomía de la caña es donde está el puro poder creador. Neil Thomas, fundador y director de Atelier One, una de las oficinas más innovadoras en ingeniería de la UK, en los últimos seis años se involucró en el diseño y desarrollo de estructuras en bambú. Leo muchos artículos donde describen al bambú como el acero vegetal, pero Thomas no está tan de acuerdo. Durante su experiencia diseñando el escenario para la gira de U2 en fibra de carbono, el percibe al bambú como un material muy similar; fibras de carbono naturales. Entonces lo que él propone es “no imponer los códigos existentes al bambú, sino cambiar los códigos para que se encuadren con el bambú.” Esto significa, para qué usarlo en un simple pórtico, típico de la construcción convencional, cuando este material da libertad de diseño para generar estructuras complejas como las grid shells. Les voy a poner de ejemplo el ZCB pabellón de bambú en Hong Kong diseñado por la universidad China de Hong Kong, escuela de arquitectura. Fué creado para un evento público construido para el consejo de la industria de la construcción carbón zero. El diseño son básicamente tres torres hiperbólicas de doble curvatura que se pliegan entre sí creando un espacio de 350m2 para albergar a 200 personas. Para construirlo se usaron 474 cañas de bambú que se curvan in situ naturalmente y se conectaron atandolas a mano con alambre según la tradición cantonés con la que antiguamente en china suelen hacer los andamios de bambú. Lo extraordinario de este proyecto es cómo han maximizado las propiedades del material usando técnicas artesanales ancestrales. No necesitaron cortar al bambú para doblarlo, el mismo se fue curvando naturalmente y trabaja de forma activa dentro de la geometría grid shell.
A la cultura pop millennial le interesa el impacto social y ambiental, pero sobre todo lo que quiere es que detrás de toda acción exista un propósito trascendental. Si pensamos en bambú hay que entender el propósito para el cual la naturaleza lo creó. Vemos entonces que no solo se debe aprovechar su rápido crecimiento, sino también su potencial estructural para estructuras efímeras de grandes luces como por ejemplo escenarios de conciertos y festivales de música, centros comunitarios y pabellones, eventos al aire libre, arquitecturas informales como los glampings, etc. En estas temáticas y tipologías es donde personalmente creo que el bambú tiene posibilidad de expandirse y ser considerado uno de los materiales más adecuados para tales fines y los millennials van a disfrutar aún más ser parte de una arquitectura de huella de carbono negativa.