La Red Global de Hospitales Verdes y Saludables, impulsada por Salud sin Daño, reúne a sistemas y centros de salud que investigan y aplican prácticas concretas para consumir menos energía y materiales. Menos carbono, menos tóxicos, menos desperdicio y espacios más seguros para pacientes y equipos.
En Argentina, el Hospital Universitario Austral viene sumando pasos concretos. Fortaleció la segregación de residuos, eliminó gradualmente insumos con mercurio, optimizó el uso de anestésicos con alto potencial de calentamiento y mejoró la eficiencia de climatización e iluminación. También impulsa capacitaciones internas y protocolos de compras que favorecen productos reutilizables y de menor huella. Estas decisiones reducen costos operativos, ordenan procesos y elevan estándares de seguridad para el personal.
Fuera del país, los ejemplos muestran resultados rápidos. Hospitales en Europa y Norteamérica reemplazaron gases anestésicos de alto impacto por alternativas con huella mucho menor y lograron recortes de emisiones sin afectar la calidad de la atención.
Para los equipos de salud, el valor está en lo práctico. Un plan anual con metas alcanzables, indicadores sencillos y responsables definidos ordena el camino.
La salud del paciente y la del planeta se encuentran en decisiones cotidianas que ya están al alcance de cualquier institución que quiera empezar. Es una mejora continua con beneficios clínicos, económicos y ambientales que se sienten en el día a día.
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¿Qué es el lujo? se contrapone con el concepto de “ecológico”?
Estamos acostumbrados a hacer esta distinción, pero no hay dudas de que el concepto de lujo está cambiando.
«Los consumidores en realidad están educando a las marcas», las nuevas exigencias implican el impacto positivo con el medio ambiente. Este panorama de nuevos consumidores, trae consigo nuevas expresiones del lujo, ecológicas, y sostenibles.
Materiales reciclados, combinados con la estética y lo sutil, se convierten en los productos más atractivos del mercado. La gente no ve solo el objeto, sino su historia detrás. El valor del producto es mucho más que su belleza.
Esta industria está reconstruyendo la mirada, con el desafío de causar sensaciones de lujo, más allá de los materiales utilizados. Lo ecofriendly es trend. El mundo del futuro está pidiendo nuevos conceptos, nuevas miradas, nuevos “lujos”.
“El mundo del estar no supone una superación de la realidad sino una conjuración de la misma… El mundo del ser, o sea, el occidental, aparentemente ha resuelto el problema de la hostilidad del mundo mediante la teoría y la técnica.” Rodolfo Kusch, América Profunda.
Cuando Kusch habla del estar se refiere al mundo indígena, el hombre estático que observa y hace reverencia a la naturaleza, en contraste con el mundo del ser, el hombre moderno, que es dinámico y busca la individualidad usando la ciencia y la teoría para superar y enajenar a la diosa, la madre tierra.
Pero hoy sabemos que “superar” a la naturaleza no es más que una distopía, no sólo imposible sino indeseable. Tenemos por delante un futuro incierto enfrentando cambios climáticos que no se pueden predecir, especies en extinción y fallas en los ecosistemas donde el sesenta por ciento de la biodiversidad del planeta desapareció en cuarenta años.
En consecuencia, el campo del diseño, que actualmente se encuentra en la intersección entre la antropología, ecología e innovación, está en un momento pivotante, expandiéndose para enfrentar problemas complejos que requieren robustas respuestas.
Para lograrlo hay que romper los viejos paradigmas del hombre moderno. Izaskun Chinchilla, arquitecta española, analiza el término paradigma del filósofo Thomas Kuhn y lo extrapola al mundo del diseñador. En su análisis explica cómo los diseñadores nos hemos alejado de la naturaleza y estamos en cierta forma controlados por universidades e instituciones, quienes nos han dado “las soluciones”.
En consecuencia, nos limitamos a recombinar una hipótesis intentando encajar los problemas de diseño dentro de una misma receta con los mismos ingredientes. Pero perder el contacto con la naturaleza significa no reconocer la solución que subyace en el problema.La arquitectura tiene consecuencias inmediatas e implicaciones duraderas. El verdadero origen del término sustentabilidad viene de las tribus nativas Iroquois de Norte América y su Principio de la séptima generación que consiste en considerar cómo las acciones afectarán a la séptima generación después de ellos.
Al observar e interactuar con lo natural de cada lugar, los pueblos indígenas logran conectar al individuo con el ecosistema diseñando una relación simbiótica. La simbiosis es el famoso “ganar ganar”; la manera en que el individuo puede formar parte de la naturaleza y garantizar la supervivencia de ambos.
Uno de los ejemplos más innovadores de infraestructura indigena son los puentes de raíces vivientes de la tribu Khasis en Meghalay en el norte de India. Es un lugar que tiene fuertes monzones y las precipitaciones suben a niveles altos que cortan las rutas entre aldeas. Los Khasi han tomado en consideración el crecimiento biológico y desarrollo del ficus elástica, árbol que para ellos es una especie sagrada de gran importancia, y han “guiado” sus raíces en forma de tejido para construir puentes que pueden resistir hasta cincuenta personas. Hay que destacar que el desarrollo de las raíces es debido a las fuertes lluvias, es así como una inundación destructiva se transforma en un diseño innovador; el problema es la solución.
Este y muchos ejemplos los encontramos en el libro de Julia Watson, Design by radical indigenism, que funciona a modo de catálogo de soluciones innovadoras en distintos ecosistemas del planeta.
Escalar estas tecnologías dentro de grandes ciudades podría ofrecer un camino para reducir exponencialmente la huella ecológica del ser humano y mitigar el colapso pronosticado. Concebir lo primitivo como innovador puede catalizar un cambio global dando resultados icónicos, originales y muy sofisticados que funcionan dentro de complejos ecosistemas.
Es por lo tanto la tarea del diseñador seguir a la gran influencer de todos los tiempos, que siempre está marcando la tendencia del lugar.
Hoy se está hablando mucho de bambú en el universo eco-friendly. Entre cepillos de dientes, utensilios domésticos e indumentaria fabricada con esta planta, la arquitectura pop-up también puede ofrecerle un espacio para brillar y posicionarse como potencial material mainstream de la construcción. En épocas en donde el cambio es perpetuo, las estructuras efímeras se encuentran con más demanda y eso requiere de un recurso abundante y de rápida reposición. El bambú puede ser un excelente aliado dentro de ese contexto, ya que es prácticamente un pasto que crece fácilmente, pero usarlo de manera rústica hacen de esta caña un elemento estructural de corta vida útil, lo cual le da mayor sentido a su elección para un uso de corta duración.
En la anatomía de la caña es donde está el puro poder creador. Neil Thomas, fundador y director de Atelier One, una de las oficinas más innovadoras en ingeniería de la UK, en los últimos seis años se involucró en el diseño y desarrollo de estructuras en bambú. Leo muchos artículos donde describen al bambú como el acero vegetal, pero Thomas no está tan de acuerdo. Durante su experiencia diseñando el escenario para la gira de U2 en fibra de carbono, el percibe al bambú como un material muy similar; fibras de carbono naturales. Entonces lo que él propone es “no imponer los códigos existentes al bambú, sino cambiar los códigos para que se encuadren con el bambú.” Esto significa, para qué usarlo en un simple pórtico, típico de la construcción convencional, cuando este material da libertad de diseño para generar estructuras complejas como las grid shells. Les voy a poner de ejemplo el ZCB pabellón de bambú en Hong Kong diseñado por la universidad China de Hong Kong, escuela de arquitectura. Fué creado para un evento público construido para el consejo de la industria de la construcción carbón zero. El diseño son básicamente tres torres hiperbólicas de doble curvatura que se pliegan entre sí creando un espacio de 350m2 para albergar a 200 personas. Para construirlo se usaron 474 cañas de bambú que se curvan in situ naturalmente y se conectaron atandolas a mano con alambre según la tradición cantonés con la que antiguamente en china suelen hacer los andamios de bambú. Lo extraordinario de este proyecto es cómo han maximizado las propiedades del material usando técnicas artesanales ancestrales. No necesitaron cortar al bambú para doblarlo, el mismo se fue curvando naturalmente y trabaja de forma activa dentro de la geometría grid shell.
A la cultura pop millennial le interesa el impacto social y ambiental, pero sobre todo lo que quiere es que detrás de toda acción exista un propósito trascendental. Si pensamos en bambú hay que entender el propósito para el cual la naturaleza lo creó. Vemos entonces que no solo se debe aprovechar su rápido crecimiento, sino también su potencial estructural para estructuras efímeras de grandes luces como por ejemplo escenarios de conciertos y festivales de música, centros comunitarios y pabellones, eventos al aire libre, arquitecturas informales como los glampings, etc. En estas temáticas y tipologías es donde personalmente creo que el bambú tiene posibilidad de expandirse y ser considerado uno de los materiales más adecuados para tales fines y los millennials van a disfrutar aún más ser parte de una arquitectura de huella de carbono negativa.