Pigcasso es el nombre de un curioso animalito que nos recuerda que los animales son mucho más de lo que creemos, y, al igual que nosotros, pueden sentir, expresar, crear y hacer cosas maravillosas. ¿Pero quién es Pigcasso? Se trata de una cerdita que se dedica al arte plástico, cuyos trabajos son todo un éxito.
Más allá de que ahora sus cuadros son valuados en decenas de miles de dólares, su destino iba a ser muy distinto. A las pocas semanas de vida, Pigcasso fue rescatada de un matadero donde iba a sufrir la misma suerte que el resto de los animales.
Joanne Lefson fue su salvadora y actual dueña. Ahora ambas viven en Farm Sanctuary SA, un santuario de animales de granja en Franschhoek, África, dirigido por Joane.
Al parecer, Pigcasso decidió aprovechar esta segunda oportunidad al máximo, hasta llegar a ser muy famosa. Hoy es un icono de la conciencia animal y del valor y respeto que merecen.
De acuerdo a lo que cuenta Joane, la cerdita jamás fue obligada a pintar; desde que llegó a su hogar, manifestó cierta afinidad con las pinturas, ya que de todo el lugar lo único que no destrozaba eran los pinceles… Por esta razón, a su dueña se le ocurrió dejarle lienzo y pintura, y fue así que Pigcasso comenzó a pintar sola. Al día de hoy, ya lleva hechas centenares de obras -con una exposición realizada bajo el título de “Oink”-, y alcanzó récord de ventas en Europa.
Si bien no podemos explicar muy bien cómo es que esto sucedió, hay algo claro: los animales tienen su propia inteligencia y creatividad, y merecen una vida digna y en libertad. No te pierdas sus obras de arte en Instagram @pigcassohoghero
Existe una isla en Grecia llamada Tilos que en 2021 encontró un modelo de reciclaje que mantiene su hábitat limpio y reduce la contaminación a nivel mundial. Se basa en un sistema de economía circular, en el que no hay basura pública ni residuos. Tiene una pequeña población de casi 800 habitantes; cada uno de ellos contribuye a sostener el sistema de reciclado. Todos tienen una bolsa personalizada con un código QR para tener un seguimiento y orden de sus residuos. Dentro de sus casas, la basura es clasificada, pesada y registrada. Luego, todo lo desechado va a parar a un centro de innovación circular donde se distribuye según su utilidad. Por ejemplo, lo que puede reciclarse es separado y embalado. Por otro lado, los desperdicios de comida son convertidos en fertilizantes, y todo lo que no se recicla es aprovechado para generar energía.
Por último, aquellas cosas como los muebles y electrodomésticos que ya no funcionan o las prendas viejas van a un centro de reciclaje creativo, donde estos productos pueden ser reutilizados, reparados o ser útiles como material artístico. Incluso en los hoteles para turistas hay instrucciones de clasificación de residuos, para que ellos también puedan contribuir con su visita. Este sistema de cero desperdicio generó una tasa de reciclaje del 86% en tan solo un año.
¿Qué pasaría si todas las ciudades tomaran este ejemplo?
Los tiempos que estamos viviendo trajeron aparejados nuevos conceptos de todo tipo. En relación a lo ecológico y la crisis ambiental apareció la eco ansiedad, así como también la existencia de la eco culpa. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de eco culpa?
Nos referimos a ese sentimiento que aparece en relación al daño que causamos al medio ambiente, la culpa por contribuir con el deterioro y la contaminación o por no estar haciendo lo suficiente.
Existe una realidad en la que se ve amenazado el ecosistema, pero reaccionar con eco culpa no nos lleva a nada positivo. Por el contrario, puede paralizarnos o incluso hacernos negar o evitar la problemática con el fin de no hacernos sentir mal a nosotros mismos. Generalmente esta culpa lleva a la autoexclusión del problema. Ninguna de estas medidas es una solución; entonces, ¿qué es lo que podemos hacer?
Ahora mismo necesitamos un cambio de paradigma, no basta con comprar productos ecofriendly para sentir que estamos colaborando, sino más bien consumir menos
¿Qué queremos decir con esto?
Que es necesario un cambio en los valores y en los sistemas de producción y consumo que venimos perpetuando. Volver a conectar con nosotros mismos,sentirnos parte de la naturaleza y enfocarnos en lo positivo, para entender la importancia de estos cambios, y asi actuar desde otra conciencia y no desde la culpa
. Restablecer las prioridades en el día a día, centrarnos en modificar desde nuestro lugar el sistema e involucrarnos de la manera y en la medida que nos sea posible.
Sabemos que es difícil, pero podemos empezar con pequeños cambios de hábitos, porque si hay algo de lo que estamos seguros es de que uno solo no puede cambiar el mundo, pero sí que necesita de cada uno de nosotros para poder cambiarlo.
Es necesario llegar a una masa critica colectiva que modifique la vibración planetaria.
Para llegar a eso debemos empezar por nuestra vibración interna. Modificar los hábitos de consumo es tan importante como modificar los hábitos de auto denigración, de reproche a los otros, de pensamientos negativos. La situación ambiental es un reflejo de algo mucho más grande.
Las autopistas son muy prácticas para los autos, pero no para los animales. Ellos también tienen que desplazarse hacia distintos lugares y atravesar la ruta es un gran peligro. Esta problemática se agravó cuando descubrieron que era una de las causas que amenazaba con la extinción de especies como los pumas. Frente a esta situación, en California surgió una solución creativa: construir un enorme puente para los animales, con la particularidad de que también funcione como un ecosistema.
Tiene como propósito inaugurarse en 2025 y, si bien, este tipo de construcciones ya se habían realizado en otros lugares, esta se caracteriza por ser la más grande del mundo, estar cerca de una gran ciudad y contar con alimento y agua. Esto significa que será también un hábitat para miles de especies.
“La vida no solo va a viajar por este puente sino que va a vivir en él. Va a ser un ecosistema vivo sobre la autopista”, comenta la directora de Wildlife Federation en California, Beth Pratt, una de las personas que forma parte del proyecto.
Bautizada como “Puente Para la Vida Silvestre Wallis Annenberg”, esta construcción le permitirá a todo tipo de animales atravesar al norte del estado de manera segura. Robert Rock es el arquitecto que está diseñando la gran construcción, teniendo en cuenta detalles como la variedad vegetal y las propiedades del suelo, con el fin de asegurar una experiencia cómoda y beneficiosa para las criaturas: en otras palabras, creando con la naturaleza para la naturaleza.
Esta es una idea que podemos replicar en muchas partes del mundo para conectar y construir puentes con la vida silvestre que nos rodea, para funcionar, de este manera, como un mismo ecosistema, teniendo en cuenta las necesidades de todos los seres y trabajando juntos para respetarlas.
educarnos sobre la crisis ambiental que estamos atravesando, para comprender, saber cómo actuar y no volver a repetir errores.
Bajo este concepto, el Observatorio Ibérico de la Minería (MINOB) lanzó un proyecto que ofrece cuentos para niños sobre los conflictos e impactos ambientales y socioeconómicos que tienen que ver con el extractivismo minero. Esta información fue elaborada con el trabajo colaborativo de docentes de nivel primario, secundario y terciario, ilustradores, historiadores, educadores y activistas medioambientales, y está disponible para todo el público de manera gratuita.
Esta iniciativa tiene el objetivo de concientizar a la sociedad, empezando por lxs más chiquitos, ya que ellos son los que vienen a este nuevo mundo y tienen la posibilidad de transformarlo. Es necesario que la educación ambiental tome un lugar protagonista para que todxs podamos informarnos, tanto niñxs como adultxs.
La mirada sostenible nos propone defender nuestro ecosistema, entendiendo que muchas prácticas ya no sirven más, como es el caso del extractivismo y la minería. Estos cuentos infantiles tienen una profunda intención detrás; por eso, desde Bindi te invitamos a leerlos y difundirlos.
Además, cuentan con actividades de reflexión e investigación, para que estos temas se sigan pensando y replanteando, y puedan buscar potenciales soluciones.
Acá te dejamos los dos cuentos versión PDF. ¿Qué estás esperando para leerlos?
Con el calor aparecen más hormigas y no todas se comportan igual. Las cortadoras suelen inquietar porque, al atardecer, recortan hojas, flores y brotes para llevarlos al nido. Otras especies buscan azúcar en flores o en pulgones y, aunque molestan, rara vez destruyen plantas sanas. Cuando se ven caminitos con pedacitos verdes en marcha, probablemente haya cortadoras en escena.
En estos días, lo que más suele agradecer un apoyo son los plantines, los brotes tiernos, rosales, frutales jóvenes y hortalizas de hoja. Un borde fino de ceniza de madera o cáscara de huevo bien molida alrededor de la base dificulta el paso sin lastimarlas. La tierra de diatomeas de grado alimentario, suele ayudar y conviene renovarla después de lluvia o riego. En trasplantes recientes, un anillo sencillo de cartón o plástico alrededor del tallo da tiempo para que la raíz se afiance.
Cuando la idea es que cambien de ruta sin hacerles daño, alcanza con ubicar la entrada del nido al atardecer y aplicar cerca agua de cítricos con moho natural de penicilina durante dos o tres días. Ese olor suele incomodar y mueve la actividad. También funcionan las infusiones frías y concentradas de ruda, menta o laurel en bordes y accesos.
El jardín también responde bien cuando se suma diversidad. Las aromáticas como lavanda, romero, salvia y albahaca tienden a bajar el interés de la zona y acercan insectos que colaboran con el equilibrio del suelo y las plantas.
Si aparecen pulgones en hojas tiernas, atender ese foco ayuda a reducir visitas de hormigas. El jabón potásico suave al atardecer, repetido a los dos o tres días, suele alcanzar. En esta casa, amante del jardín, evitamos insecticidas y cebos tóxicos porque impactan en polinizadores y contaminan el suelo.
Las señales de que todo va en camino son simples menos mordidas nuevas, senderos desviados y brotes que siguen creciendo. Si la actividad persiste, vale sostener estas prácticas un par de semanas. Con paciencia, el jardín se acomoda y las plantas que adoramos llegan más firmes a la próxima estación.
¿Probaste alguna de estas ideas en tu jardín? Contanos qué te funcionó y qué no en los comentarios.
¿Cuándo fue la última vez que caminaste descalzo sobre el pasto? ¿O que te detuviste, sin apuro, a observar cómo bailan las hojas movidas por el viento? ¿Recordás el sonido del mar, el olor de la tierra húmeda, el tacto de una piedra tibia bajo el sol?
Nos hemos habituado a vivir entre edificios, ruido y pantallas, conectados a todo… menos a lo esencial. Corremos detrás del tiempo, de la productividad y de las metas, sin detenernos a mirar el cielo ni a sentir el viento en la piel. En ese ritmo acelerado, olvidamos algo fundamental: somos parte de un ciclo natural mucho más grande que cualquier agenda.
La Tierra sigue ahí, paciente y generosa, recordándonos que sigue viva y que nos espera. Nos invita, con suavidad, a reconectar con nuestra esencia más pura: la de seres vivos que pertenecen a la naturaleza, no separados de ella.
Y sin embargo, nos vamos alejando cada vez más de ella. ¿En qué momento empezamos a creer que estábamos por encima de la naturaleza y no dentro de ella?
Volver a nuestra esencia
No somos visitantes de este planeta. Somos parte del planeta. Somos agua, aire, minerales y energía, exactamente igual que los árboles, los ríos y las montañas. Pero en algún punto de nuestra historia, nos desconectamos.
Nos refugiamos en las ciudades, nos envolvimos de tecnología, nos rodeamos de cemento y luces artificiales. Sin darnos cuenta, empezamos a vivir desanclados de la Tierra.
Y cuando eso sucede, nuestro cuerpo lo siente. Nos invade el cansancio, la ansiedad, el insomnio, la falta de claridad. La mente se acelera, el corazón se cierra. Nos olvidamos de respirar profundo.
La ciencia también lo confirma
El contacto con la naturaleza no es un lujo ni una moda, es una necesidad biológica. La ciencia ha comenzado a confirmar lo que las culturas ancestrales siempre supieron: la naturaleza tiene el poder de sanar. Estudios en psicología ambiental y neurociencia demuestran que el simple hecho de pasar tiempo al aire libre reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés), mejora el sistema inmunológico y favorece la concentración y la creatividad.
Una de las prácticas más estudiadas es el grounding o earthing, que consiste en hacer contacto directo con la Tierra.
La superficie terrestre posee una carga eléctrica negativa y, al caminar descalzos sobre el pasto, la arena o la tierra, nuestro cuerpo absorbe esos electrones libres que ayudan a neutralizar la carga positiva que acumulamos por la exposición constante a dispositivos electrónicos, radiaciones y contaminación electromagnética.
Este intercambio energético natural permite equilibrar nuestro cuerpo a nivel eléctrico, reduciendo el estrés, la inflamación y los efectos de la sobrecarga electromagnética a la que estamos expuestos en la vida moderna.
Según investigaciones publicadas en The Journal of Environmental and Public Health, esta práctica ayuda a:
Reducir la inflamación y el dolor físico crónico.
Mejorar la calidad del sueño.
Equilibra el sistema nervioso y la presión arterial.
Favorecer la regeneración celular
Disminuir el estrés oxidativo y radicales libres (uno de los principales factores del envejecimiento celular).
Nuestro cuerpo está diseñado para estar en conexión con la Tierra. Cuando la tocamos, literalmente nos recargamos de vida.
El desequilibrio invisible
Es decir, en las ciudades vivimos rodeados de ondas electromagnéticas: Wi-Fi, celulares, antenas, cables. Aunque no las veamos, están ahí, vibrando a nuestro alrededor y afectando nuestro campo energético.
Cada día pasamos horas conectados a aparatos, pero desconectados de nosotros mismos.
Nos cuesta dormir, nos cuesta relajarnos, nos cuesta simplemente “estar”.
Y es que nuestro cuerpo necesita volver al equilibrio natural que solo la Tierra puede ofrecer. Cuando caminamos descalzos, cuando abrazamos un árbol o nos acostamos sobre el pasto, nuestro organismo se descarga y armoniza. Es como si la Tierra absorbiera nuestro exceso de energía y nos recordara el ritmo correcto al que deberíamos vivir.
Volver a sentir
¿Qué pasaría si cada día nos regaláramos unos minutos para reconectar con lo natural? Si en lugar de mirar una pantalla al despertar, miráramos el cielo.
Si en lugar de correr, camináramos lento. Si en lugar de hablar tanto, escucháramos más.
La Tierra tiene su propio lenguaje: el susurro del viento, el crujir de las ramas, el olor de la lluvia, el canto de los pájaros. Solo hay que aprender a escucharla otra vez.
Cuando pasamos tiempo en contacto con la naturaleza —aunque sea unos minutos al día—, algo dentro de nosotros se reordena. Se aquieta la mente, se calma el cuerpo, y el alma encuentra refugio.
Cada contacto con la naturaleza es una forma de sanación. No solo del cuerpo, sino también del alma.
Porque cuando nos conectamos con la Tierra, recordamos lo que somos: seres vivos, sensibles, parte de un tejido sagrado que respira y se renueva.
Un llamado a la acción
Hoy el planeta nos está hablando. Nos muestra su cansancio, pero también su esperanza. La pregunta es: ¿vamos a escucharla?
Podemos empezar con algo tan simple como:
Caminar descalzos unos minutos cada día.
Pasar tiempo al aire libre sin auriculares, solo observando.
Cuidar una planta y observar su crecimiento.
Apagar los dispositivos una hora antes de dormir.
Agradecer, en silencio, por cada amanecer.
Cada pequeño acto cuenta. Cada respiración consciente nos devuelve al presente.
La Madre Tierra nos sostiene, nos alimenta y nos sana. Lo único que nos pide a cambio es respeto y cuidado. Porque cuidar la Tierra no es un acto externo: es un acto de amor hacia nosotros mismos.
Volver a ella es volver a nuestro equilibrio natural.
En El Cairo, el artista Ibrahim Abougendy encontró una solución simple y amorosa para acompañar a los gatos que viven en la calle; reutiliza neumáticos en desuso, para transformarlos en casitas resistentes y fáciles de mantener. Se llamó Mobikia y nació del hacer.
Cómo están hechas Abougendy corta, limpia y pinta a mano los neumáticos; suma una base firme, un techo sellado y una apertura lateral para entrar y salir con facilidad. El caucho aísla y soporta bien la intemperie.
Por qué surgió Los cambios recientes en el clima de la ciudad -fríos más marcados y lluvias inesperadas- lo impulsaron a pensar en refugios que protejan mejor a los animales. La observación del entorno guió el diseño.
Comunidad en acción Vecin@s y comerciantes donan cubiertas usadas, ayudan a ubicar los refugios en puntos de comida o descanso y organizan rondas de seguimiento. La idea viaja rápido porque es replicable, con herramientas básicas y un diseño claro, cualquier grupo puede adaptarla a su barrio.
Lo que enseña Mobikia muestra un camino posible, el de resolver con lo que hay a mano. No es solo un objeto lindo; es un diseño pensado para el uso, con un impacto directo en la calidad de vida de los animales y también, en la de quienes los cuidan.
Si en tu comunidad hay gatos callejeros, podés replicar el modelo, será un pequeño gesto que abrigará a muchas vidas. ¡Contanos qué te parece si te animás a probarlo!
En el mundo de la agricultura consciente, surge el «bosque de alimentos», una expresión holística de permacultura que fusiona la tierra cultivada con la naturaleza circundante. Este contrapunto al huerto tradicional no solo representa un enfoque innovador, sino también una respuesta creativa a los desafíos del cambio climático.
El bosque de alimentos tiene un diseño equilibrado; es una sinfonía planificada donde cada componente, vegetal o animal, se integra para imitar la complejidad y el equilibrio de un bosque natural. Este diseño no solo es estético, sino funcional, creando un ecosistema armonioso que prospera sin la intervención constante del agricultor.
En lugar de sucumbir al monocultivo, el bosque de alimentos abraza la diversidad. Este ecosistema se desarrolla naturalmente, produciendo frutos sin la necesidad de riego o fertilizantes externos. Es un lugar donde conviven no solo plantas fructíferas, sino también especies como la retama, que actúa como fijadora de nitrógeno, contribuyendo a la fertilidad del suelo.
Los árboles se convierten en arquitectos del ambiente, capturando dióxido de carbono, liberando minerales y estabilizando el clima. Como guardianes de la biodiversidad, contribuyen a la sostenibilidad del entorno. Este bosque no solo acumula agua y da sombra, sino que también se erige como defensor contra la erosión del viento, tejiendo una red de beneficios que va más allá de sus límites visibles.
La grandeza no requiere extensiones masivas de tierra. Árboles, arbustos, aromáticas, y hasta animales como cerdos y gallinas, coexisten en una danza natural que resalta la interconexión vital entre cada elemento.
En consonancia con la conciencia ambiental, la arquitectura de paisajes se enfoca en jardines urbanos para mitigar la polución. La expansión de bosques de alimentos en áreas metropolitanas ofrece una solución a la creciente población. Una oportunidad para transformar desiertos salados en bosques de alimentos, desafiando la percepción de tierras «inutilizables» y planteando preguntas sobre la seguridad alimentaria sin depender de importaciones.
Proyectos en ciudades como Seattle y Calgary demuestran que los bosques de alimentos pueden establecerse en terrenos públicos, llevando la agricultura urbana a nuevos niveles. Estos bosques auto-sostenibles podrían ser precursores de un estilo de vida tipo agropolis.
Convertir áreas de pasto destaca la necesidad de reconsiderar el uso de la tierra. Esta transformación podría ser clave para alimentar poblaciones locales y reducir la dependencia de importaciones.
El bosque de alimentos es más que una técnica agrícola; es un recordatorio de que la tierra cultivada y la naturaleza pueden bailar juntas en una sinfonía sostenible. En un mundo sediento de soluciones ecológicas, este enfoque innovador nos invita a repensar nuestra relación con la tierra y a cultivar no solo alimentos, sino también un futuro más verde y equilibrado.
En medio de la vasta y fascinante tierra africana, una innovadora solución ha surgido para combatir la aridez y promover la biodiversidad: ¡los Bunds! Estas estructuras ingeniosas, excavadas en los suelos áridos, han demostrado ser cruciales para la captura y retención del preciado recurso del agua de lluvia.
La función de los Bunds va mucho más allá de simplemente retener el agua. Al permitir que las semillas latentes cobren vida, estos héroes ecológicos han desencadenado un resurgimiento impresionante de la vegetación y la biodiversidad en la región. No solo las áreas circundantes a los Bunds están floreciendo de nuevo, sino que el impacto se extiende a medida que el agua infiltrada nutre y revitaliza la flora cercana.
La urgencia es evidente, con el aumento de la temperatura global y la pérdida anual de 3.9 millones de hectáreas de bosques en África, donde el 65% de la tierra se ve afectada por la degradación. Estas condiciones generan escasez de agua y alimentos, pobreza y pérdida de biodiversidad. Sin embargo, la iniciativa de los Bunds representa una solución práctica y eficaz que se alinea con la visión de la Década de Restauración de Ecosistemas de las Naciones Unidas.
En este contexto, el enfoque basado en la naturaleza para restaurar la vegetación no solo es oportuno, sino que también es fundamental para contrarrestar el aumento de las temperaturas globales. Las plantas y los árboles actúan como el aire acondicionado natural de nuestro planeta, eliminando carbono del aire y enfriando el entorno. La restauración de tierras degradadas no solo impacta positivamente la seguridad del agua y los alimentos, sino que también beneficia a la biodiversidad y mejora la calidad de vida de millones de personas y animales.
Lo que hace que sus proyectos sean realmente impactantes es su naturaleza comunitaria. Realizados en su totalidad por socios y comunidades locales, estas iniciativas son un testimonio del poder de la propiedad comunitaria. Esto no solo impulsa su compromiso, sino que también garantiza la longevidad y sostenibilidad de cada proyecto. A través de estos esfuerzos colectivos, están presenciando cómo la tierra cobra vida con renovada vitalidad y esperanza.
¿Qué opinas de esta asombrosa iniciativa que está transformando la cara de la ecología en África? ¡Comparte y difunde para apoyar este proyecto que resuena con el corazón de la naturaleza!