Con los sobrantes de la industria maderera, el diseñador Matthias Gschwendtner construye hermosas sillas mediante un proceso de producción sostenible. Combinando el escaneo 3D, la robótica y el diseño informático, las ramas de abedul toman una nueva vida y se convierten en piezas únicas: sillas que representan la interconexión entre la naturaleza y la tecnología. El material utilizado es la corteza y ramas de árbol, que se mantiene tal cual es, en lugar de la madera precortada que suele emplearse usualmente.
Se trata de una manera creativa de aprovechar los restantes de la industria maderera, para lograr un diseño atractivo y diferente, con la pureza de la naturaleza y la estética del diseño, además de un producto sustentable que no genera desperdicios. Este proyecto nos inspira a usar los recursos que tenemos para crear cosas nuevas y descubrir que todo puede transformarse.
Chanel invierte en la empresa Evolved By Nature, en búsqueda de innovadores tejidos sostenibles.
Una compañía especializada en biomateriales, fundada por Gregory Altman y Rebecca Lacouture en 2013. Ambos médicos, descubrieron una tecnología para descartar los químicos tóxicos de los tejidos y en cambio, usar una proteína de seda pura y natural
La marca de moda, ya hizo su compromiso sustentable y cada vez hace más y más para acercarse al objetivo.
La participación en Evolved by Nature, es un impulso para buscar distintas alternativas ecológicas de los materiales empleados. Chanel, con su prestigioso nombre, busca una calidad excepcional en sus productos, pero también, que sean amigables con el medio ambiente. Las pieles exóticas por ejemplo, ya quedaron fuera del mercado, y la iniciativa es reemplazar estas y otros textiles con opciones sostenibles.
El camino de la moda hacia la ética, la sostenibilidad y la justicia es largo, pero es absolutamente necesario. Una de las referentes de esta lucha es Stella McCartney, quien invita a otras empresas a repensar y remodelar la industria, para un futuro más positivo para nosotros, los animales, el ecosistema, y el planeta.
Creating Harmony es la campaña de la fábrica de muebles Kinnarps, que promueve el diseño de interiores desde una perspectiva holística. Para representar su objetivo, realizaron una producción audiovisual -que te dejamos acá abajo- en la que se representan los muebles como instrumentos que forman parte de una gran orquesta, lo que simboliza cómo todo debe estar armonizado para funcionar.
La campaña sostiene que un entorno físico equilibrado facilita el entorno de trabajo y la dinámica dentro de este. Aunque los desordenados nos rehusamos a aceptarlo, lo cierto es que el ambiente influye en gran parte de lo que nos mueve internamente. Es difícil tener la cabeza ordenada cuando todo está desordenado a tu alrededor. Es importante cómo predisponemos nuestro espacio y la energía con la que lo sintonizamos.
La marca sostiene este mismo principio, donde el espacio físico impacta directamente en nuestra parte interna, y en la vincular. Desde múltiples disciplinas ya se estudió cómo los colores, las texturas , la luz y la temperatura influyen directamente en nuestra cabeza y en nuestro desempeño. La clave está en unir lo visible con lo invisible para potenciar todo nuestro espacio y aprender a usar esta gran herramienta que nos propone Kinnarps en Creating Harmony.
El enfoque holístico en los diseños de interiores es aplicable a oficinas, casas, escuelas, y cualquier espacio que te imagines. Tenés en tus manos la posibilidad de diseñar estos espacios de manera que se cree un ambiente más cálido, saludable, cómodo, eficiente y productivo, con el ojo puesto en el bienestar del pequeño ecosistema que se forma y de cada uno de sus integrantes. Entonces, ¿qué estás esperando?
En el mundo del diseño, hay piezas que trascienden su función utilitaria para convertirse en verdaderas obras de arte que desafían las normas establecidas. Entre estas creaciones revolucionarias se encuentra el Pratone, un sofá chaise longue conceptualizado por la firma Gufram que ha dejado una huella indeleble en la historia del diseño radical.
El Pratone, concebido en 1971 por los diseñadores Ceretti, Derossi y Rosso, es una pieza única que desafía las convenciones del mobiliario convencional. Con su forma orgánica y su exuberante tapizado de hierba sintética, este chaise longue parece más una escultura que un asiento, invitando a quienes lo contemplen a cuestionar las nociones tradicionales de belleza y funcionalidad.
Lo que distingue al Pratone no es solo su estética audaz, sino también su mensaje subyacente de rebeldía y liberación. En un mundo dominado por el minimalismo y la uniformidad, esta pieza representa una ruptura con la monotonía, celebrando la expresión de la naturaleza y la individualidad creativa.
Desde su debut, el Pratone ha sido aclamado como un ícono del diseño radical, desafiando las expectativas del público y desencadenando debates sobre el papel del arte en la vida cotidiana. Su presencia en espacios públicos y museos de renombre ha consolidado su estatus como una obra maestra del diseño contemporáneo, inspirando a generaciones de diseñadores a seguir explorando los límites de la creatividad y la innovación.
Más allá de su valor estético, el Pratone encarna una filosofía holística que trasciende lo puramente material. Es un recordatorio de la importancia de atreverse a ser diferente, de abrazar lo inesperado y de encontrar belleza en lo inusual. En un mundo cada vez más estandarizado, el Pratone nos invita a cultivar nuestra singularidad y a desafiar las normas establecidas en busca de una mayor autenticidad y expresión personal.
Más que un mueble, se trata de una declaración de intenciones que sigue resonando en el mundo del diseño y más allá. Es un recordatorio de que la verdadera innovación surge de la valentía de cuestionar lo establecido y de la voluntad de explorar nuevos horizontes.
Aquellos que pasan sus vacaciones o largas horas del día surfeando, se encuentran cara a cara con la basura y contaminación marítima. Es una problemática que los golpea de cerca, por lo que, la empresa de surf Vissla junto a la fundación surfrider, idearon un concurso con el objetivo de impulsar la conciencia ambiental. El desafío era crear un artículo de surf con materiales reciclados.
Ben Judkins y Taylor Lane, un cineasta y un diseñador, tomaron esta propuesta como una oportunidad para cambiar la mirada y despertar algo en los surfistas y en todo el mundo. Construyeron una tabla de surf hecha con colillas de cigarrillos, el desecho por excelencia, que encima es super dañino para el ambiente.
Ganaron el concurso , pero se quedaron con ganas de más. Estos jóvenes buscan generar un impacto en la industria y concientizar sobre lo que está pasando. Generaron un puente entre el surf y el activismo, representando con la “Ciggy Board”, mucho más que una tabla de surf.
Actualmente, las tablas ya están a la venta. Un proyecto que atrae las miradas de todos y obliga a repensar 2 veces que estamos haciendo con nuestra basura y con nuestro planeta. Una organización que propone donaciones, peticiones e ideas para un nuevo mar y un nuevo mundo.
Elegimos canciones que nos mueven incluso cuando no recordamos una sola frase de la letra. Eso es porque la música llega primero al cuerpo, al sistema emocional. Hoy la ciencia actual explica que parte de esa magia se debe a que el cerebro anticipa patrones, se sincroniza con el pulso y libera neuroquímicos al ritmo de lo que escucha.
Los estudios más recientes muestran que, cuando una canción juega con la previsibilidad o la sorpresa, el sistema de recompensa se enciende y aparece ese placer que a veces sentimos como piel de gallina.
También se observa cómo la música ayuda a regular el estrés, el sueño, reduce el cortisol cuando es más lento y mejora las recuperaciones. En el día a día, un entorno sonoro elegido con intención, puede darnos foco para estudiar o trabajar, energía para entrenar o quietud para descansar.
La conclusión es sencilla y poderosa, lo que escuchamos nos afecta en un amplio espectro. La música es una tecnología humana al alcance de todos, capaz de afinar la experiencia y de acercarnos entre sí.
Así que ya sabés, curar nuestras playlists es una forma de autocuidado.
Los desechos de la industria pesquera ensucian y contaminan nuestras playas. Cada año se descartan millones de caracoles y valvas marinas que podrían tener otro destino.
Newtab-22, el proyecto de diseño fundado por Hyein Choi y Jihee Moo, busca aprovechar materiales naturales para unir sostenibilidad y estética contemporánea. Su principal recurso son las cáscaras de mariscos, con las que crean “sea stone”, un material eco‑friendly con propiedades similares al concreto. Esta mirada creativa, sostenible en lo ambiental y en lo económico, le devuelve valor a un residuo que suele terminar en la basura.
Sea stone se elabora con un proceso manual y de baja energía para no dejar huella negativa en el planeta. Es ideal para jarrones, azulejos decorativos o tableros de mesa, con piezas únicas en color y textura que, a pequeña escala, ofrecen una alternativa sustentable al cemento.
En 2025, el equipo continúa activo con colaboraciones junto a estudios y productores locales para ampliar la recuperación de carcasas, mejorar la trazabilidad del material y sumar nuevos formatos sin perder el trabajo artesanal.
Sigamos buscando maneras de producir en armonía con el ambiente. Las opciones siguen creciendo.
El bambú en la arquitectura dejó de ser una curiosidad para pasar a ser una opción concreta. Crece rápido, se adapta a múltiples diseños y suma una presencia cálida que convive en armonía con el entorno. Hoy es una alternativa sostenible, accesible y con potencia estética para proyectos de todas las escalas.
En la isla vietnamita de Phu Quoc, VTN Architects empleó 42.000 piezas de bambú para levantar un centro de bienvenida. Vietnam abunda en esta planta, y el proyecto aprovechó el recurso local de principio a fin al crear estructuras, uniones, cuerdas y hasta alfileres con bambú.
El bambú se afirma como material renovable para equipamientos y viviendas de bajo impacto, integrando naturaleza, cultura y diseño en una misma conversación.
En un mundo cada vez más consciente de su impacto ambiental, la industria textil se encuentra en plena revolución. La creatividad, siempre impulsora de innovación, se está convirtiendo en la fuerza motriz detrás de un cambio de paradigma en la moda que no solo busca la estética, sino también la sostenibilidad.
El cultivo de banano y plátano es una fuente abundante de desperdicio orgánico. Sin embargo, en lugar de relegar estos sobrados a la basura, se están transformando en una fibra sostenible que tiene el potencial de reemplazar a los textiles convencionales como el algodón y la seda.
Esta antigua técnica textil, aunque arraigada en países como Japón, Filipinas y Nepal, está experimentando un resurgimiento sorprendente en Uganda, y a gran escala.
La fibra de plátano no solo ofrece una alternativa respetuosa con el medio ambiente, sino que también presenta beneficios tangibles. Sorprendentemente, absorbe tintas de manera más eficiente que el algodón, reduciendo así el impacto ambiental de los procesos de teñido. Además, su cultivo requiere menos agua y menos tierra en comparación con otros textiles, marcando un paso significativo hacia la sostenibilidad en la producción de moda.
Este es sólo un ejemplo de todo lo que consideramos un desecho y podemos convertir en algo nuevo y de valor. Es cuestión de cambiar la perspectiva.
La creatividad puede no solo dar nueva vida a los materiales, sino también abordar los desafíos medioambientales de nuestra época.
¿Es hora de traer esta innovación a América Latina? La respuesta parece resonar con un sí rotundo. En una región donde la diversidad cultural se entrelaza con una rica biodiversidad, la incorporación de textiles biodegradables como la fibra de plátano no solo sería una declaración de moda, sino un compromiso con un futuro más sostenible.
La creatividad está destinada a ser el catalizador del cambio en la industria textil. Desde transformar residuos en moda hasta desarrollar procesos de producción más eficientes y sostenibles, cada paso cuenta. La moda del mañana no solo será definida por su estilo, sino también por su compromiso con el planeta.
El arte siempre ha sido un espejo de lo humano y de cómo habitamos el mundo. Hoy, iniciativas concretas le dan cuerpo a esa idea. El colectivo Washed Ashore arma esculturas monumentales con plásticos recogidos de playas para mostrar, a escala real, el costo de los desechos marinos. En Londres, Forest for Change de Es Devlin convirtió una plaza en un bosque temporal para hablar de biodiversidad y Agenda 2030. En América Latina, el Festival Concreto en Brasil y el Museo del Reciclaje de Barranquilla impulsan piezas con chatarra y residuos electrónicos, mientras Studio Swine trabaja con plásticos del océano en objetos y performances que viajan por bienales. Incluso marcas y museos empiezan a cambiar materiales: el V&A y el MoMA han exhibido bioplásticos y piezas de micelio, señalando el paso del “objeto eterno” a la obra que nace, vive y vuelve a la tierra.
Estas prácticas no buscan solo sorprender, sino abrir conversación sobre qué materiales elegimos, cuánto duran y qué costo dejan. Al mirar más allá de la estética, el arte sostenible nos invita a revisar hábitos cotidianos y a imaginar una cultura donde creación y cuidado vayan juntos.
La obra se vuelve proceso y responsabilidad compartida, desde talleres comunitarios de arte con residuos hasta residencias que trabajan con materiales locales y biodegradables.
También crece la red que las hace posibles: residencias que financian biomateriales, laboratorios ciudadanos que enseñan a crear pigmentos y papel con desechos orgánicos, y convocatorias que premian proyectos con impacto ambiental medible. Este ecosistema une artistas, comunidad y ciencia para llevar el cambio del taller a la calle.