La rayuela: ¿el camino al cielo?

En un flashback al pasado resignificamos la rayuela, un juego tradicional con el que nos divertimos muchas veces, que escondía detrás mucho más que unos simples casilleros. 

Recordamos que la rayuela consistía en tirar una piedrita, la cual representaba el alma, y avanzar los casilleros saltando, en un pie o dos. El camino que se recorría era de la “Tierra” al “Cielo”. Desde múltiples culturas y perspectivas, se le ha dado diversos significados a este aparente juego infantil. Pero la mayoría coincide en que se trata de un viaje, de un proceso a atravesar. 

La versión más popular en latinoamérica fue inspirada en “La divina comedia”, donde Dante realiza una travesía del purgatorio al paraíso, con diferentes pruebas en el camino. Esto se conecta con el Dios Hermès, el mensajero, quien se consideraba dueño de las llaves de los tres mundos: físico, anímico y espiritual. En este sentido, la Rayuela es un eje de unión entre el Cielo y la Tierra donde se puede manifestar una poderosa fuerza. 

Continuando con los simbolismos, desde la tradición judía de la cábala las diez casillas podrían representar los diez estados (seifirots) del Árbol de la vida que manifiestan la energía divina, y nos habla de un viaje hacia la unidad, hacia el origen, que incluye atravesar los cuatro elementos (tierra, fuego, aire y agua) para alcanzar lo sutil. 

Incluso el reconocido escritor argentino Julio Cortázar tiene sus propias conjeturas sobre este juego en su obra “Rayuela”, donde simboliza llegar al cielo como la pérdida de la infancia y la búsqueda del verdadero cielo.

Nada es lo que parece, y este sencillo entretenimiento infantil también tiene su historia detrás. Podemos significarlo o simplemente divertirnos, pero el viaje de la vida es inevitable; atravesar sus desafíos es la prueba de cada uno. Si lo podemos hacer saltando, jugando y riendo, mejor. 

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